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Panorama de palmeras y veletas
bajo un cielo de un azul inmaculado;
la leyenda del Mayab antepasado
de perfiles recortados
de Uxmal y Chichen-Itzá.
Ciudad Blanca,
de un cantar la peregrina,
de una boca purpurina no besada;
la guitarra de tu Guty incomparable
que te dió lo que es dable
en un beso y un cantar.
Deja que yo te cante, Mérida mía,
deja que yo te diga boxita linda;
deja que yo te lleve a la vaquería
con mi pañuelo rojo te torearía.
Déjame que me embriague
con miel de flores,
de esa flor con que forjas tu Xtabentun, y confundiéndome entre tus
trovadores en mi canto decirte:
Ciudad Blanca eres tú,
Ciudad Blanca eres tú. |